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El objetivo fundamental del trabajo del profesor son los alumnos

El objetivo fundamental del trabajo del profesor son los alumnos

Santiago Petschen  Verdaguer es el autor del libro “El arte de dar clase”: http://bit.ly/1vq40vl.  A lo largo de sus páginas bucea en las memorias de los grandes hombres y mujeres de la historia que evocan su periodo colegial y, en ocasiones, también  universitario,  para extraer la huella que  dejaron en sus vidas los verdaderos maestros. Pensamientos, sugerencias, conceptos… que pueden mejorar la profesión docente y la educación pública.

 Ha sido profesor de bachillerato. Catedrático de Relaciones Internacionales y profesor Jean Monnet de la Unión Europea. En esta entrevista reflexiona y nos hace reflexionar sobre el talento, la dignidad del alumno, la pedagogía del ejemplo… y el instrumento docente que tiene y ha tenido que utilizar durante toda su vida profesional: la clase.

En su libro, considera que cada clase es una obra de arte… ¿Cómo se consigue?

El objetivo fundamental del trabajo del profesor son los alumnos. La clase se tiene que preparar; tiene una gran potencialidad didáctica. Los profesores  que imparten clase han de ser expertos en su materia… pero también ser capaces de sintetizarla, ordenarla y estar preparados para comunicarla. En la comunicación hay  que mostrar la experiencia y también compaginar el habla y el silencio, las preguntas y las respuestas; basta con tener la suficiente apertura. Muchos profesores ni siquiera son conscientes de que están elaborando una obra de arte.

Por otra parte, las actividades humanas a las que se les inyecta una dimensión artística tienen un impacto mucho mayor. Y si no ahí tenemos Masterchef. Premios para la cocina, el diseño, el dibujo, la moda… Todo tiene su espacio televisivo. Para la clase…, una actividad dedicada a formar las inteligencias, los valores y las sensibilidades científicas y culturales, brillan por su ausencia los concursos, los premios y el reconocimiento del público. El que la docencia no esté presente en el ámbito social, como lo están otras artes, hace que no exista una cultura a favor de la exigencia a la hora de dar una buena clase.

Pero… habrá técnicas que se pueden aprender.

La técnica no se enseña, sale de dentro. Una clase no se puede comparar con otra. Porque cada clase no se origina en un espacio abierto. Se produce en un ámbito que se reduce al profesor y a los alumnos. Cuando se ha trabajado seriamente en la preparación de una clase, con seriedad, con dedicación, con amor y con delicadeza… impacta, y los alumnos lo perciben positivamente.

El profesor tiene que ser capaz de poner a los alumnos frente al futuro de su vida. Se trata de favorecer que el niño o los jóvenes vean primero y sientan después la potencia de lo que podrán hacer el día de mañana. Esto es muy importante, para que el ser humano consiga algo en la realidad tiene que lograrlo primero en la fantasía, Y ahí está la pedagogía del educador. Ayudarlo a construir acertadamente su fantasía para que luego sea capaz de ejecutarla.

Es una pena que en muchos másteres de contenido pedagógico, la dimensión práctica de impartición de una clase esté poco programada y que haya libros muy importantes de educación  que tratan diferentes aspectos educativos sin que se refieran a la clase. Eso no quiere decir que una clase te salga siempre bien,  aun gustándome mucho dar clase reconozco que muchas clases  me han salido deficientes y algunas de ellas mal e, incluso, muy mal.

Si la técnica no se aprende… qué habilidades  se requieren para impartir una clase

Entre otras, pedagogía,  autoridad, organización interna y contenidos; todo forma parte de la comunicación, la dimensión más importante. El maestro trasmite datos. Enseña conocimientos. Ofrece criterios. Muestra estilos. Suscita motivaciones. Estimula respuestas y lo hace todo invitando gustosamente, sin imponer nada… Es la conversión de la experiencia  del profesor en experiencia de los alumnos. Hay que trabajar diariamente la expresividad, la participación de alumno, elementos corporales… la mirada, el habla, los gestos… Saber cuándo hay que contar una anécdota y convertirla en categoría para transmitir mejor el contenido.

Ahora que hablamos de autoridad… a veces los profesores no llegan ni siquiera a dominar la clase.

El profesor tiene que tener autoridad interior. Con esto quiero decir que la pedagogía ha cambiado, pero no se ha sustituido la autoridad externa por otra que sale de dentro de la persona: hacer que la clase interese y guste. Es verdad, que el docente acude a su trabajo altamente desprotegido… Ahora se habla  de que la legislación debe convertir al profesor en autoridad. El enfocar la cuestión de esta forma es un indicio de debilidad. Lo externo por si solo nada puede. Sin la persona poco importa la mejor ley y al contrario. Lo más importante  es la construcción de la autoridad disciplinaria  interior en la personalidad del profesor: el saber y la trasmisión del saber.

Todo un reto… para el que se necesita una gran vocación y estar enamorado de la profesión

La educación en este país quien la cambia y la mejora  es el profesor y los directores de los centros que dirigen a esos profesores.  Da pena que haya  españoles que se dedican  a dar clase sin tener una vocación especial a magisterio, entendido en el sentido estricto de la palabra. Hay que ir descubriendo, ya desde bachillerato, esos perfiles educativos potenciales y esto se hace con  buenos maestros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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