Lunes, 02 Agosto 2021 | Login
Salvador Rodríguez Ojaos (@salvaroj) es licenciado en Ciencias de la Educación y autor del blog de reflexión educativa El Blog de Salvaroj. Especialista en temas de innovación educativa, actualmente es formador y asesor pedagógico. Apasionado por la educación, encantado de compartir para aprender.

"Cuando tenía cinco años, mi madre siempre me decía que la felicidad es la clave para la vida. Cuando fui a la escuela, me preguntaron qué quería ser cuando fuera mayor, escribí: 'feliz'. Me dijeron que yo no entendía la pregunta. Les dije que no entendían la vida." John Lennon

Uno de los grandes problemas de la educación actual es que está planteada en términos de ganar o perder, como si se tratara de una competición deportiva. En esa competición los que tienen unas determinadas destrezas y habilidades alcanzan la victoria o, al menos, los puestos de honor, mientras que los demás quedan fuera del podio, bajan de categoría o son descalificados y se les aparta del juego.

La cuestión esencial es que en educación no debería haber categorías y nadie debería quedar "fuera de juego" sino que, por definición, la educación debería ser siempre inclusiva. Nadie debería salir del sistema educativo siendo un perdedor.

En los sistemas educativos actuales hablamos de fracasados escolares cuando solo debería hablar de escolares, cada uno con unas necesidades y unos talentos distintos... porque no hay dos alumnos iguales por muchos que nos empeñemos en que todos pases por el mismo filtro. La escuela debe ser capaz de potenciar los talentos de todos y cada uno de los estudiantes.

Imaginemos a un niño o una niña con grandes cualidades para la práctica del ping-pong: velocidad, reflejos, coordinación de movimientos, una muñeca flexible...; a pesar de ello, le obligamos a practicar la natación porque todo el mundo debe practicarla. Puede que con esfuerzo y sacrificio (sufrimiento y angustia) consigamos que sea un nadador aceptable o puede que se rinda y odie la natación, el agua y las piscinas. Lo que es seguro es que así se habrá perdido un excepcional jugador de ping-pong y puede que incluso una persona válida para la sociedad.

Algo parecido sucede con la mayoría de los alumnos que estudian en nuestras escuelas; escuelas que encorsetan, limitan y excluyen a muchos (demasiados) alumnos; escuelas que no educan a personas capaces de de afrontar la incertidumbre de un futuro cambiante y desconocido escuelas que corren el peligro de quedar obsoletas por no ser capaces de transformarse y adaptarse a los tiempos que corren.

Una escuela que educa es una escuela que enseña a pensar, a ser crítico, a ser competente, a ser creativo, a ser innovador, a valorar a los demás y a uno mismo. Así es la escuela que estamos construyendo.

P.D.: Si has llegado a este post a través de Wikisaber, espero que este sea el principio de un provechoso intercambio de experiencias y reflexiones educativas.

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